El fuego todavía no terminaba de apagarse cuando un bombero salió cargando algo entre los brazos.
Era una gata calicó, con los ojos bien abiertos por el susto, rescatada de una casa en llamas en el barrio de Airport Heights, Anchorage, Alaska. El bombero de la estación 907, todavía con la máscara puesta y el traje cubierto de hollín, no esperó a quitarse el equipo para hacer lo más importante: buscar a su dueña.
La encontró entre la gente que miraba desde lejos. Se acercó, y sin decir una palabra, puso a la gata en sus manos. Ella sonrió al reconocerla, la sostuvo contra su pecho como quien recupera algo que creía perdido.
