A primera vista, las fotografías de Lucía Hernández podrían parecer las de cualquier influencer fitness: entrenamientos, pesas y un físico trabajado durante años. Pero hay un detalle que se repite en muchas de sus publicaciones: suele aparecer de espaldas o evita mostrar completamente su rostro.

Y no lo hace para generar misterio ni para provocar.

Hernández explicó que durante mucho tiempo le costó verse en fotografías. Puede mirarse al espejo y sentirse bien, pero después observar una fotografía y percibirse completamente diferente. Los ángulos, la luz y la cámara pueden hacer que su rostro le resulte irreconocible.




“Muchas veces ni siquiera sé cómo me veo realmente”, ha explicado.

La razón tiene una historia mucho más profunda. Lucía nació con síndrome de Treacher Collins, una condición genética poco frecuente que afecta principalmente el desarrollo de los huesos y tejidos del rostro y puede estar asociada con problemas de audición, respiración y visión.

Según su propio relato, cuando nació, los médicos llegaron a decirle a sus padres que no esperaran que pudiera hablar u oír. Sin embargo, su familia decidió luchar por ella y, con los años, Hernández consiguió superar numerosas dificultades y someterse a 12 operaciones.


Su infancia y adolescencia tampoco fueron sencillas. Cuenta que sufrió rechazo y que durante años llegó a odiar su propia apariencia porque sentía que no encajaba con los demás.
Pero encontró algo que terminaría cambiando su vida: las pesas.

Después de atravesar un período muy difícil, comenzó a entrenar en el sótano de su casa. Al año se inscribió en un gimnasio y, aunque reconoce haber tenido recaídas, nunca abandonó el entrenamiento.
“El culturismo me salvó la vida”, ha dicho.





Para ella, levantar pesas no significó solamente cambiar su cuerpo. El entrenamiento se convirtió en una herramienta para recuperar confianza, concentrarse en el presente y demostrar que podía seguir avanzando incluso en los momentos más difíciles.
Hernández también ha querido dejar claro que mostrar su cuerpo no significa necesariamente que quiera provocar sexualmente a quienes la siguen. Muchas veces posa de espaldas simplemente porque se siente más cómoda así y porque todavía está aprendiendo a aceptar su propia imagen.





Ahora quiere atreverse poco a poco a mostrar más su rostro y dejar de esconderse detrás de las fotografías.
Su historia no se trata solamente de una transformación física. Después de años de operaciones, rechazo y dificultades para aceptar su apariencia, Lucía intenta transmitir un mensaje mucho más sencillo:
“Mi apariencia no me define”.
