Fredrik era apenas un niño cuando el cáncer le arrebató el ojo izquierdo. El retinoblastoma no le dejó otra opción que la cirugía, pero nadie contaba con lo que haría después: cuando supo que podía personalizar su prótesis ocular, no dudó ni un segundo.

La pintó con los colores y el escudo del Bodo/Glimt, su equipo de toda la vida. Ese ojo de mentira se convirtió en la prueba más real de su amor por el club, tan grande que hoy juega en sus categorías infantiles.

En septiembre de 2025, durante un partido de Champions League contra el Tottenham, los hinchas del Bodo/Glimt le devolvieron el cariño con un tifo enorme en su honor.
Fredrik no perdió un ojo, ganó una historia que ningún resultado en la cancha podrá borrar
