FUE A LA CÁRCEL Y HABLÓ 21 MINUTOS A SOLAS CON QUIEN QUISO MATARLO. JUAN PABLO II DIO UN HERMOSO EJEMPLO DE PERDÓN

Por Diego Aguirre
11 August, 2026

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, Mehmet Ali Agca disparó contra Juan Pablo II. El Papa cayó herido de gravedad. Lo operaron de urgencia en el Hospital Gemelli y sobrevivió por poco.



Dos meses después, un tribunal de Roma condenó a Agca a cadena perpetua.

Nadie imaginaba lo que vendría.

El 27 de diciembre de 1983, Juan Pablo II entró a la cárcel de Rebibbia, en Roma. Caminó por los corredores. Llegó hasta la celda. Los guardias se quedaron afuera, en el pasillo.

Adentro quedaron dos hombres solos: el que había disparado y el que había recibido el disparo, sentados uno frente al otro.

Hablaron alrededor de 21 minutos. Sin cámaras. Sin micrófonos. Sin nadie más.



Juan Pablo II lo dijo después, en público, con esa palabra que no se olvida: “Rezo por el hermano que me disparó, a quien he perdonado sinceramente”.

Hermano. No enemigo. No criminal. Hermano.

Aquí viene lo que casi nadie sabe. En 2011, el propio vocero del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, contó que dentro de esa celda no hubo ninguna palabra de perdón de parte de Agca. Ni una disculpa. Ni un arrepentimiento. Solo una pregunta sobre un secreto religioso que nada tenía que ver con lo que había hecho.

Juan Pablo II lo sabía y perdonó igual. No hubo trato. No hubo reconciliación de dos partes. Hubo un hombre que decidió perdonar aunque el otro no se lo pidiera, aunque no hubiera arrepentimiento visible, aunque nadie estuviera mirando.



Es fácil perdonar cuando el otro se arrodilla y pide disculpas. Ese perdón casi se da solo. El perdón difícil es este: el que se entrega sin condiciones, sin garantía de nada a cambio, solo porque uno decide que cargar con el rencor pesa más que soltarlo.

Agca terminó indultado en el año 2000 y en libertad definitiva en 2010. Nunca pidió disculpas en público. Juan Pablo II ya no necesitaba que las pidiera.

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