Keyshun Jones tenía el plan perfecto en un Chick-fil-A de Texas. Este ex empleado logró desviar 80.000 dólares usando nada menos que órdenes de mac & cheese.

¿Cómo lo hizo? Tras ser despedido, Jones regresaba al local, registraba pedidos falsos y se hacía reembolsos directos a su tarjeta personal. ¡Hizo esto unas 800 veces! Un nivel de audacia (o hambre) que las cámaras de seguridad no tardaron en captar.

La realidad es que el fraude terminó mal. La policía lo arrestó por robo y lavado de dinero. Ahora, Keyshun enfrenta hasta 10 años de prisión. Y lo más increíble, el menú de la cárcel también incluye macarrones con queso.

