Hubo un tiempo en que el mundo idolatraba el cuerpo delgado de Lana del Rey. Después, ese mismo cuerpo cambió, y el mundo dejó de aplaudir.
Nadie preguntó por qué. Solo empezaron las burlas, los memes, los comentarios sobre su peso.

Mientras tanto, a los hombres el tiempo les regala canas y arrugas sin que nadie les exija explicaciones. Envejecen y siguen siendo deseables. Ellas cambian y de pronto son un problema a resolver.
El cuerpo de una mujer no es un contrato que firma al casarse. Cambia con los años, con el estrés, con la vida que decide vivir. Eso no la vuelve menos valiosa.

El error nunca estuvo en su cuerpo. Estuvo en pensar que debía quedarse quieto para que el mundo siguiera queriéndola.

