El doctor James MacLean, de Ontario, autorizó la muerte asistida de Thomas Dillon, un paciente de 45 años con enfermedad de Crohn y depresión. Según la investigación, ambos intercambiaron decenas de mensajes luego de conocerse fuera de un restaurante Tim Hortons y meses después el propio médico lo llevó hasta la instalación funeraria donde recibió la inyección letal.

Todo empeoró cuando apareció otro caso ligado al mismo doctor. Un paciente volvió a respirar después de haber sido declarado muerto, presuntamente porque faltó uno de los medicamentos del protocolo.

Aunque el escándalo explotó en todo el país, el doctor no perdió su licencia. Solo quedó bajo supervisión estricta durante varios meses. Este caso abrió un fuerte debate sobre los límites del sistema médico.


