Punch nació el 25 de julio de 2025 en el zoológico de Ichikawa, Japón. Su madre, una hembra de apenas 4 años, lo rechazó después de un parto difícil en plena ola de calor.
Los cuidadores lo alimentaron a mano. Probaron con toallas, con una jirafa de juguete, hasta que encontraron lo que funcionó: un peluche de orangután al que Punch se aferró como si fuera su propia madre.

En enero de 2026 lo devolvieron a la manada. No fue fácil. Sin una madre que lo guiara, Punch no sabía cómo acercarse a los demás.
Pero algo empezó a cambiar. Otros macacos comenzaron a acicalarlo. Alguien lo vio abrazando a un compañero por primera vez.
Hubo caídas en el camino. Una vez fue atacado por otro miembro del grupo y corrió a buscar consuelo en su peluche de siempre.

Aun así, siguió intentando. Hacia marzo ya usaba menos su viejo compañero de tela. Seguía durmiendo con él, pero de día prefería estar cerca de los suyos.
Y el cambio fue todavía más conmovedor: Punch, que alguna vez necesitó un peluche para sentirse acompañado, ahora es él quien recibe con cariño a otros macacos y se acerca a los más pequeños, abrazándolos y brindándoles compañía.

“Ha empezado a integrarse poco a poco”, contó el director del zoológico, Shigekazu Mizushina.
Nadie eligió el dolor de Punch. Pero él eligió, cada día, seguir buscando un lugar entre los demás. Y ahora parece estar ayudando a otros a encontrar el suyo.
