Ewa Wiśnierska solo quería entrenar unos días antes del Campeonato Mundial de Parapente.
Era febrero de 2007 y volaba junto a otros 200 competidores cerca de Manilla, un pueblo pequeño de Nueva Gales del Sur, Australia, cuando una tormenta cumulonimbus la tragó literalmente hacia el cielo. La succión la llevó a casi 9.940 metros de altura, más alto que la cima del Everest, con una simple chaqueta como única protección contra el frío. A esa altitud el aire apenas tiene oxígeno y la temperatura ronda los -55°C: Ewa perdió el conocimiento y quedó a la deriva casi 45 minutos, congelándose dentro de la tormenta.

Despertó cubierta de hielo cuando el parapente ya había descendido a 6.000 metros. Aterrizó recién tres horas y media después, a 87 kilómetros de donde había despegado. No todos corrieron su suerte. He Zhongping, un competidor chino de 42 años atrapado en la misma tormenta, murió ese día. Casi dos décadas después, Ewa sigue volando por placer y enseñando a otros a hacerlo.

