Pamela Anderson tenía apenas veintitantos cuando compartió una aguja de tatuaje con Tommy Lee. Esa decisión le cambió la vida para siempre.

El 6 de septiembre de 2026, ya con 59 años, subió al escenario del amfAR Gala Venezia a recibir el Award of Courage y contó lo que había callado durante años: que la hepatitis C que le diagnosticaron a fines de los 90 fue “una sentencia de muerte”, en una época sin cura conocida. No temía por ella, temía por Brandon y Dylan, sus hijos pequeños, y qué sería de ellos si ella no estaba.


Tuvo que esperar más de una década para acceder a un tratamiento, que pagó de su bolsillo porque el seguro todavía no lo cubría. En 2015 anunció en Instagram que estaba libre del virus. Once años después, volvió a contarlo, esta vez frente a todos. 💛

