Teresa y Anna aprendieron a vestirse, comer, escribir y arreglarse el cabello con los pies. No lo hicieron por elección: nacieron sin brazos, con una condición congénita que afecta el desarrollo de las extremidades.

Son hermanas por adopción. La misma madre las crió de pequeñas y les enseñó algo que pesó más que cualquier terapia: confiar en lo que eran capaces de hacer. Aunque comparten la misma condición, cada una encontró sus propias maneras de resolver el día a día.

Lo difícil llegó de afuera. Miradas largas, comentarios hirientes, prejuicios. Teresa cuenta que, cuando salen juntas, siente que la gente las observa “como una exhibición de zoológico”. Y ellas no quieren ser el centro de atención.
Por eso abrieron sus redes: para mostrar su rutina, responder preguntas y demostrar que una persona con discapacidad puede estudiar, trabajar, tener amigos y cumplir sus sueños. Su mensaje cabe en una línea: son como cualquiera, solo que a veces hacen las cosas de otra forma. ❤️
Video:
