Colombia se sacudió el lunes a las 7:34 de la mañana. Un terremoto de magnitud 7,4, el más fuerte desde 1979, con epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó.
En Pereira y Manizales cayeron edificios. Una torre de la catedral quedó apoyada sobre el techo de la iglesia. El aeropuerto de Pereira perdió parte de su estructura. Hubo personas atrapadas entre los escombros, y decenas de familias que hoy lloran a los suyos.

El temblor se sintió en Cali, Armenia, Bogotá, y hasta en Ecuador y Panamá. Pero el eco más fuerte no vino de la tierra: vino de los que salieron a buscar a sus vecinos entre las ruinas.
Colombia ya conoce estos golpes. Los ha sentido antes y ha vuelto a levantar sus casas, sus calles, su gente.

Hoy, mientras se cuentan los daños, también se cuentan las manos que ayudan. Esas son las que van a reconstruir todo esto.
Colombia se cae, pero jamás se queda en el suelo.
