“Fui en secreto al arenero del gato de un amigo, me agaché y defequé en él. Mi amigo entró al baño, miró al gato, y gritó: ‘¡Dios mío, no puedo creer lo que ha salido de ti!'”, la despiadada broma de George Clooney a un amigo que lo recibió en su casa.

Por Diego Aguirre
14 September, 2026

Antes de los dos premios Oscar, antes de las portadas y las alfombras rojas, George Clooney dormía en el sofá de un amigo. Sin trabajo, recién separado de su primera esposa, Talia Balsam, compartía apartamento con otro actor que sí tenía algo que él no tenía: un gato.



El compañero de piso, identificado por varios medios como el actor Richard Kind, se obsesionó con la salud de su mascota. El animal parecía no hacer sus necesidades en el arenero. Preocupado, lo llevó al veterinario, que le recetó laxantes.


Lo que su amigo no sabía era que Clooney limpiaba el arenero cada día, en secreto, antes de que nadie lo viera. El gato estaba perfectamente sano. La única deposición ausente era la prueba de una broma que llevaba semanas cocinándose.



Entonces Clooney remató la jugada. Una noche hizo él mismo sus necesidades en la caja del gato, dejando que su amigo creyera que el laxante por fin había funcionado y que el animal se había curado.

Años después, ya convertido en una de las estrellas más grandes de Hollywood, Clooney contó la historia entre risas en el programa de Howard Stern. El mismo hombre que llenaría pantallas y ganaría estatuillas había empezado su carrera actoral limpiando, a escondidas, la caja de un gato ajeno.



La fama llega distinto para cada quien. Para Clooney, empezó con un sofá prestado y una broma que nadie olvidó.

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