Dos veces entró Christopher Arsenault al Happy Cat Sanctuary en llamas. La primera logró salir. La segunda, no.

Tenía 65 años y llevaba 19 construyendo ese refugio en Medford, Long Island, desde cero y desde el dolor: lo fundó en 2006 después de que su hijo Eric muriera en un accidente de motocicleta. Lo que empezó como una forma de sobrevivir al duelo se convirtió en el hogar de casi 300 gatos que nadie más quería: ciegos, enfermos de VIF, víctimas de acaparamiento, animales que habían sido usados como cebo en peleas de perros. La SPCA había verificado personalmente que vivían bien.

El 31 de enero de 2025, a las 7:15 de la mañana, el fuego arrasó con todo. Más de 100 gatos murieron. Alrededor de 150 sobrevivieron. El cuerpo de Arsenault fue hallado en una habitación trasera. Los vecinos sospechan que el incendio fue provocado. Su asistente Lisa Jaeger hoy continúa su legado. 🕯️

