Gaëtan Dugas murió en 1984 sin saber que su nombre pasaría casi 30 años cargando con una culpa que no era suya.
En 1981, un médico de Los Ángeles empezó a ver hombres jóvenes y sanos con una pulmonía rarísima, de las que solo afectan a quienes tienen las defensas muy bajas. En Nueva York aparecía un cáncer de piel poco común. Así se descubrió el sida, y muy pronto la gente buscó a un culpable. Los periódicos lo encontraron: Dugas, un sobrecargo canadiense, “el hombre que nos trajo el sida”.
Todo fue por una letra. En un estudio de los primeros casos, los investigadores lo marcaron como “paciente O”, de “fuera de California”. Alguien leyó esa O como un cero, y un libro muy vendido convirtió el error en historia. Décadas después, científicos analizaron el virus de su sangre y lo compararon con muestras de los años 70: el VIH ya circulaba en Nueva York desde alrededor de 1970, antes de que él pudiera llevarlo.


El verdadero origen está mucho más lejos. El VIH está relacionado con un virus presente en chimpancés de África central, y se cree que pasó a los humanos por contacto con sangre de animales infectados, posiblemente durante la caza. Quién fue la primera persona contagiada sigue siendo un misterio. Los virus de simios han saltado a los humanos al menos 13 veces, pero solo algunos lograron propagarse. Este cambió la historia para siempre.
