Hay confesiones que nadie espera de una leyenda, y esta fue una de ellas. Giorgio Chiellini, el histórico defensor italiano que pasó años frenando a los mejores delanteros del mundo, decidió bajar la guardia y hablar de un tema que casi ningún futbolista toca: lo que el éxito deportivo hace por la vida social.

Sin rodeos y con una autocrítica que desarmó a todos, admitió que su carrera le abrió puertas que su físico jamás le habría abierto. Dijo que ser un futbolista exitoso le ayudó a conquistar a muchas más mujeres de las que habría logrado por sí solo, y lo resumió con una frase que ya circula por todas partes: “Soy más feo que el hambre”.

Lo dijo con humor y sin una pizca de vergüenza, como quien ya hizo las paces con el espejo. Cuando alguien se ríe de sí mismo así, la gente suele quererlo todavía más.

