Argentina cayó 1-0 ante España, en el alargue, en la última final de Lionel Messi. Dolió como duelen los finales que uno no eligió. Pero que la lágrima de hoy no nuble lo que fueron estos veinte años.
Porque no se despide un jugador: se despide una era.
Este Mundial lo encontró con 39 años y las piernas cansadas, y aun así fue de los mejores: ocho goles, la cinta de capitán, un equipo que lo siguió hasta la final del mundo. Lo intentó hasta el último minuto. Metió a Argentina en la final peleándole al tiempo, que es el único rival que nunca perdona. No pudo. A veces, ni los dioses pueden.
Repasemos lo que nos deja. El pibe de Rosario al que le inyectaban hormonas para crecer y terminó siendo el más grande. Cuatro Balones de Oro, y después un quinto, y un sexto, y más. La Copa América que sacó la mufa. Y aquella noche de Qatar 2022, cuando por fin levantó la que le faltaba y un país entero lloró de felicidad.
Nos malacostumbró. Nos hizo creer que lo imposible pasaba cada fin de semana. Nos regaló una vida entera de domingos felices.
Hoy no ganó. Pero hay derrotas que no manchan: la suya se va con la frente alta, dándolo todo hasta el final, como jugó siempre.
No lo veremos más en un Mundial. Y cuando alguien pregunte, dentro de muchos años, cómo era verlo jugar, no nos van a alcanzar las palabras.
Gracias por tanto, Leo. Fuimos felices porque existió. 🐐🇦🇷
