

La gata atigrada, Groot, se acercó a la pared, clavó los ojos en la fotografía de Cleo y se levantó sobre sus patas traseras para alcanzarla. Estiró una de sus patitas, con una delicadeza que no tiene nada de casual, y acarició la oreja de la perra que fue su mejor amiga. Cleo ya no está, pero el gesto sigue siendo el mismo.
Asya Cutrino, su dueña, grabó el momento y lo subió a TikTok. No es un juego, es memoria. Es cariño que sigue buscando a quien lo recibía.
Tal vez Groot no entienda la ausencia. Pero sí sabe a quién quiere acariciar.
