LaTanya Richardson entró a la cocina y encontró a su esposo tirado en el piso, inconsciente, rodeado de drogas. Su hija de apenas ocho años estaba ahí, viendo todo.

Ese día de 1990 marcó el quiebre para Samuel L. Jackson. El actor, nacido en Washington D.C. en 1948, llevaba años sosteniendo una adicción que amenazaba con borrar cualquier posibilidad de carrera. Entró a rehabilitación decidido a no volver a ese suelo.

Meses después, Spike Lee le dio el papel de un adicto al crack en ‘Jungle Fever’, un personaje que lo llevó hasta Cannes. Pero fue en 1994, como Jules Winnfield en ‘Tiempos violentos’, donde Jackson encontró algo más que fama: encontró la manera de contar su propia redención frente a millones de personas. Años más tarde, en una charla TED de 2012, se animó a decirlo en voz alta.

