“Hace dos años no teníamos para comer”, dijo Melissa Ávalos, y esa frase resume un capítulo que casi nadie conocía.

Es la esposa de Orlando Gill, el arquero paraguayo que se convirtió en héroe absoluto tras la clasificación de Paraguay a octavos de final del Mundial 2026, atajando penales frente a Alemania como si el peso del país no existiera sobre sus hombros.

Pero antes de las atajadas y los gritos, hubo otra historia. Ávalos contó que tras el nacimiento de su hijo Lauti, quien tuvo complicaciones de salud, la situación económica se volvió insostenible.

Orlando tuvo que vender ropa y prendas del club para cubrir gastos básicos, incluida su camiseta de la selección sub-20.

Hoy Gill juega en San Lorenzo, fue convocado por Gustavo Alfaro para la selección mayor y acaba de sumar otro triunfo, esta vez 1-0 ante Perú. El camino de un arquero que tocó fondo antes de tocar la gloria.

