En Chicago, un grupo de personas comenzó a reunirse todos los domingos junto al lago Michigan para hacer algo tan simple como extraño, gritar al mismo tiempo. La iniciativa, conocida como Scream Club, nació después de que una pareja buscara desahogar un mal día frente al agua.

La dinámica suele partir con respiración, una cuenta regresiva y un grito colectivo dirigido hacia el lago. Algunas jornadas han reunido a más de 100 personas y otras convocatorias hablan de hasta 300 asistentes. No todos llegan por la misma razón, algunos cargan estrés laboral, duelos, ansiedad o cansancio acumulado.
Después del grito, hay quienes se quedan en silencio, otros lloran y varios terminan abrazándose con desconocidos. No parece una terapia tradicional ni una fiesta. Es más bien un momento donde todos hacen ruido para volver a casa un poco más livianos.
