Un médico le puso fecha límite: cinco años de vida si no dejaba de beber.

Hayden Panettiere lo cuenta sin filtro en sus memorias, “This Is Me: A Reckoning”. Detrás del alcohol había una mujer rota por la distancia de su hija, por una carrera que no perdonaba errores y por una vida personal que se le desmoronaba entre las manos. Bebía, dice, para no sentir. Hasta que un diagnóstico la obligó a mirar de frente lo que estaba haciendo consigo misma.

Entrar a rehabilitación no fue el final feliz instantáneo que a veces imaginamos. Fue abstinencia dolorosa, cuerpo y mente pidiendo la sustancia que los sostenía. Pero del otro lado encontró algo que no esperaba: “La alegría era un millón de veces mejor que cualquier droga”, escribió. Y antes de eso, una frase que resume todo el viaje: “Me gustaba a mí misma. ¡Qué revelación!”

