“Quiero que el mundo sepa que maté a estos hombres, fría como el hielo. He odiado a los humanos durante mucho tiempo. Los maté a sangre fría, realmente de una manera horrible”.
La frase de Aileen Wuornos, una de las asesinas seriales más conocidas de Estados Unidos, resulta especialmente perturbadora porque parece revelar mucho más que una simple confesión.

Wuornos fue condenada por matar a seis hombres en Florida entre 1989 y 1990 y confesó un séptimo asesinato. Durante el proceso había sostenido que varias de las muertes ocurrieron después de que sus clientes intentaran violarla y que actuó en defensa propia.
Pero con el tiempo su discurso cambió. Llegó a declararse culpable sin reservas y a describirse como una persona que odiaba a la humanidad.

Su historia personal ayuda a entender por qué los especialistas consideraron su caso tan complejo. Wuornos fue abandonada por su madre, creció con sus abuelos y posteriormente relató haber sufrido abusos físicos y sexuales durante su infancia. Evaluaciones psiquiátricas posteriores determinaron que presentaba psicopatía, trastorno antisocial y trastorno límite de la personalidad.
Eso no significa que su infancia explique o justifique sus asesinatos. De hecho, los investigadores han debatido durante años cuánto influyeron el trauma, sus trastornos psicológicos y otros factores en sus crímenes.

Quizás por eso aquella frase resulta tan inquietante: ¿estaba describiendo realmente lo que sentía, intentando construir una explicación para sus actos o ambas cosas al mismo tiempo?
Wuornos fue ejecutada mediante inyección letal el 9 de octubre de 2002, a los 46 años.
