Gillian Kgotla tenía 12 años y una cara perfectamente simétrica cuando le salió una tiña bajo el ojo izquierdo.

Las cremas no funcionaron. Su ojo se puso rojo e hinchado, y la cara empezó a desintegrarse: un día se encogía el ojo, al siguiente la nariz, luego la mejilla. En la escuela sus amigos le preguntaban qué le pasaba y ella no tenía respuestas. Con los años perdió el cabello, algunos dientes y tejido blando. En Botsuana, su país natal, llegó a odiar su reflejo. Un niño la llamó “media cara”. Ella respondió con libros: estudió hasta ser la mejor de su clase y aprendió a quererse.

Fueron 18 años sin diagnóstico, hasta que un joven en TikTok habló del síndrome de Parry-Romberg y ella lo supo al instante. Hoy, con 29 años y viviendo en Sussex, no puede abrir la boca más de 2 centímetros. Come “como una dama”, dice, y soñaría con una cirugía solo para morder una hamburguesa. “La belleza es un sentimiento, no una cuestión de apariencia”.

