Singapur era una isla pequeña, sin grandes recursos naturales, con tensiones sociales y enormes dudas sobre su futuro. Bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew, el país inició una transformación que lo llevó de la fragilidad económica a convertirse en uno de los centros financieros más importantes del mundo.

Su gobierno apostó por educación, vivienda pública, seguridad, inversión extranjera, infraestructura y una lucha fuerte contra la corrupción. También fue conocido por medidas estrictas, como la prohibición de vender chicle y castigos corporales para ciertos delitos, decisiones que siguen generando debate fuera y dentro de Asia.

El resultado convirtió a Singapur en un caso estudiado en escuelas de política y economía. Admirado por su eficiencia y criticado por su dureza, Lee Kuan Yew dejó una pregunta difícil de responder: cuánto orden puede exigir un país para construir prosperidad.

