Una llamada telefónica. Sin preámbulos, sin suavizar: “Tu hermana se ha ido. Alguien le puso algo en la bebida en una fiesta y nunca se despertó.” Así se enteró Yan Diomande, el atacante marfileño de 19 años del RB Leipzig, de la muerte de Roxane, su hermana menor de 15 años, hace poco más de un año.

Diomande lo contó todo en una carta pública titulada “Querida Roxane”, publicada en The Players Tribune después de su debut en el Mundial 2026. En ella reconstruye con detalle la figura de una niña que a los 10 años ya actuaba como su representante informal, que lo acompañó a pruebas fallidas en el Bournemouth, el Chelsea, el Rangers y el Crystal Palace, y que nunca dejó de repetirle a quien quisiera escucharla que su hermano sería el mejor futbolista del mundo. Cuando Yan firmó por el Leganés, ambos lloraron. Poco después, Roxane murió por una sustancia que alguien introdujo en su bebida en una fiesta.

Después del triunfo por 1-0 de Costa de Marfil sobre Ecuador y de intercambiar camiseta con Mbappé tras su debut frente al Real Madrid, Diomande escribe: “Demostraré que tenías razón, o moriré intentándolo.”
