Cindy Murray tenía 6 años cuando su hermano Robert Williamson desapareció de su vida.

Sus padres tomaron caminos distintos y con ellos se fue también cualquier rastro del otro. Cindy creció en Denver preguntándose qué habría pasado con él, buscando entre miles de perfiles de Facebook a un Robert Williamson que ni siquiera sabía cómo era. Nunca lo encontró. Lo que no imaginaba es que los dos, por caminos separados, habían terminado sirviendo en la Marina de Estados Unidos.

El reencuentro llegó por una casualidad militar: el suboficial de Murray reconoció el apellido y le preguntó a Williamson si tenía una hermana llamada Cindy. Williamson se quedó en silencio. Más de 3o años después, en Balboa Park, San Diego, se volvieron a abrazar. Ahora hablan por teléfono todo el tiempo, aunque a Williamson todavía le faltan preguntas: “Son esas pequeñas cosas que uno olvida preguntar”.
