Hilary Swank tenía 24 años cuando se transformó por completo para interpretar a Brandon Teena en ‘Boys Don’t Cry’. Redujo su grasa corporal, se vendó el pecho, vivió el papel al extremo. El resultado: el Óscar a Mejor Actriz en el año 2000, en el Shrine Auditorium de Los Ángeles.
Pero el cheque que recibió por esa película fue de apenas 3,000 dólares. En esa época, para calificar a un seguro médico se necesitaban 5,000. Swank no se enteró de que estaba desprotegida hasta que fue a surtir una receta y la farmacia le pidió 160 dólares que no tenía cómo pagar de su bolsillo.
Lo contó ella misma en 2016, sentada junto a Chelsea Handler en el programa ‘Chelsea’ de Netflix. Y no fue la única vez que la industria la subestimó: años después, con el Óscar ya en su carrera, le ofrecieron 500,000 dólares por un papel donde su compañero masculino cobraba 10 millones. Ella dijo que no. El papel terminó en manos de un actor nuevo, por 50,000 dólares.
