Colton Burpo tenía apenas 4 años cuando una apendicitis mal diagnosticada casi le costó la vida.

Mientras los médicos luchaban por salvarlo, él asegura que se elevó por encima de su propio cuerpo y vio, desde arriba, a su madre rezando por teléfono en un pasillo y a su padre orando a gritos en otra habitación. Después llegó lo inexplicable: se encontró sentado en el regazo de Jesús, rodeado de ángeles que le cantaban para calmar su miedo. Describió a un hombre de barba castaña, sonrisa radiante y heridas visibles en las manos, vestido de blanco con una faja púrpura.

Lo más entrañable no fue la visión, sino el detalle doméstico que la hizo creíble para tanta gente: en el cielo, Colton comió pizza y macarrones con queso, y hasta acarició un caballo con crin de arcoíris. Hoy, con 27 años y trabajando como pastor de alabanza, dice que ya no le teme a la muerte. Solo espera, mientras tanto, vivir una vida que valga la pena contar de nuevo del otro lado.

