Yogesh Ramajinappa tenía 24 años, trabajaba como repartidor y había llevado su moto a un taller en el barrio de Sampigehalli, Bengaluru, India, el 25 de marzo de 2024. Ahí lo esperaba Murali, un amigo que trabajaba en ese centro de servicio de vehículos.

Lo que siguió fue una broma que en cualquier otro contexto habría terminado en risas. Murali tomó la manguera de un compresor de aire, apuntó primero a la cara de Yogesh y después, sin que nadie lo detuviera, la introdujo en su recto. El aire a presión hizo el resto: le rompió el colon y otros órganos internos.

Yogesh murió dos días después, el 27 de marzo, sin que los médicos pudieran revertir el daño. La policía abrió una causa por homicidio culposo bajo la Sección 304 del Código Penal indio y detuvo a Murali. Yogesh era originario de Vijayapura y vivía con su abuela en Bengaluru — una rutina simple, ir a arreglar la moto, se convirtió en la última tarde de su vida.

