Carlos Adonis Ramos-Erazo, de 24 años, manejaba a 75 millas por hora en una zona de 55 cuando un agente del condado de Lake lo detuvo. Él insistía en que llevaba prisa porque necesitaba llegar al baño con urgencia. El oficial no le creyó del todo, y cuando se acercó a la ventana para abrir la puerta desde adentro, Ramos-Erazo pisó el acelerador y huyó, golpeando el brazo del policía con el auto.

La persecución terminó en su propia casa, donde intentó esconderse adentro. Los oficiales lo redujeron con una pistola Taser y lo subieron a la patrulla rumbo a la cárcel del condado. Fue justo ahí, encerrado en el asiento trasero, donde perdió el control que tanto había querido evitar desde el primer semáforo.

Terminó enfrentando cargos por fuga, resistencia al arresto y agresión a un oficial. La urgencia que lo llevó a acelerar terminó resolviéndose de la peor manera posible, minutos después de haber sido esposado.

