Leon Gillespie, de 26 años, trepó hasta el tejado del hospital Ysbyty Glan Clwyd, en Gales, el pasado 6 de junio.
Vestía una túnica negra con capucha, empuñaba una hoja larga y afilada, y ahí se quedó. Inmóvil. Mirando fijamente hacia la entrada principal, donde pacientes, familiares y personal médico entraban y salían sin sospechar que alguien los observaba desde arriba con la silueta exacta de la Parca.

Pasaron 50 minutos así. Cuatro patrullas y una unidad de bomberos tuvieron que movilizarse para convencerlo de bajar. Cuando finalmente lo hizo, no hubo heridos, pero sí preguntas sin responder: ¿por qué alguien elige vestirse de la muerte y quedarse observando en silencio a personas que quizás luchan por su vida ahí adentro?

Su defensa ante el Tribunal de Magistrados de Llandudno fue casi tan perturbadora como la escena: aseguró que su disfraz representaba a un cuervo, no a la Parca.
El juez no le creyó del todo, pero igual lo multó con apenas 200 libras (unos 269 dólares). Antes de este episodio, Gillespie ya había robado comida en dos tiendas de la misma ciudad. El hospital, mientras tanto, aseguró que aplica tolerancia cero ante este tipo de conductas.

