Ramazan Yilmaz, 40 años, padre de dos hijos, fue a una clínica privada en Bursa, Turquía, solo porque le dolía una muela. Terminó en la sala de emergencias del Hospital Universitario Uludağ con un tornillo de implante alojado en la zona donde se encuentran el cerebro y el líquido cefalorraquídeo.

Según su testimonio, el dentista, identificado en reportes solo como A.D. y con 24 años de experiencia declarados, insistió en colocar el implante de forma manual porque el instrumento automático estaba fallando. Ramazan escuchó un crujido en su hueso y lo mencionó en el momento. Le respondieron que era normal. El tornillo siguió avanzando hasta perforar el hueso maxilar y llegar detrás del ojo.

El profesional lo llevó a un hospital local y, de acuerdo con el relato de Ramazan, escapó del lugar. Antes de entrar a cirugía, él se despidió de sus hijos porque los médicos le advirtieron que podía perder la vida. La operación duró horas, pero logró recuperarse. Ahora enfrenta una demanda porque el dentista se niega a devolverle el dinero y asegura que todo fue una “complicación médica”.

