David Werking tenía 42 años y una colección que guardaba como oro: 12 cajas de revistas y películas eróticas, más dos cajas de juguetes traviesos.

Se estaba divorciando y se mudó temporalmente a la casa de sus padres en Grand Haven, Michigan. Craso error.

Cuando se instaló en Muncie, Indiana, descubrió que Paul y Beth Werking habían tirado todo a la basura. Su papá incluso le escribió un correo explicándole que le había hecho “un gran favor”.

David no opinó lo mismo. Los demandó, y un juez federal de Michigan les dio la razón: la colección valía unos 29.000 dólares, y sus padres deberán pagarle $30.441.
La próxima vez que quieran limpiar el cuarto de un hijo adulto, tal vez primero pregunten.
