Wang Jibing tiene 56 años y reparte comida en las calles de Kunshan, China, desde 2019.
Entre un pedido y otro, sobre el manubrio de su moto o parado en un pasillo, sacaba pedazos de papel y colillas de factura para anotar versos que se le venían a la mente.

Nadie hubiera imaginado que esos garabatos terminarían en Vuelo rasante, su colección de poemas inspirada en las historias de casi 200 compañeros repartidores que entrevistó sobre las prisas y tensiones del oficio.

Ese libro le acaba de dar el Premio Literario Lu Xun, el galardón más prestigioso de la literatura china, nombrado en honor al padre de las letras modernas del país.

Antes de las motos y el delivery, Wang fue obrero de construcción, recolector de reciclaje y vendedor ambulante. Dejó la secundaria a los 19 años por falta de dinero, pero nunca dejó de leer ni de escribir.

Ahora, con el reconocimiento más importante de su carrera en las manos, aseguró que seguirá trabajando en las calles hasta los 60 años. “El premio nunca cambiará quién soy”, dijo.

