William Anthony Ott tenía 65 años cuando emprendió, en abril de 2012, una travesía en solitario de tres semanas por una zona remota de la reserva Hualapai, dentro del Gran Cañón, en Arizona. Buscaba paneles de arte rupestre de mil años de antigüedad, un estilo de pictogramas multicolores que lo obsesionaba desde hacía décadas. Nunca regresó.

Pasaron casi 15 años hasta que, en diciembre pasado, miembros de la tribu Hualapai hallaron restos humanos cerca del punto donde había comenzado su búsqueda. Un análisis de ADN, confirmado por el Departamento de Seguridad Pública de Arizona, determinó lo que muchos ya sospechaban: eran los restos de Ott.

Scott Thybony, antropólogo y amigo cercano que participó en la búsqueda original, reveló a la revista Outside un detalle que aún no tiene explicación oficial. El cuerpo apareció al pie de un acantilado de 4,5 metros. Su mochila principal nunca fue encontrada. Las autoridades todavía no revelan la causa de muerte.
