Sunrise Highway no perdona a nadie. Los autos cruzan a más de 100 km/h por esa autopista de Long Island, y entre ese ruido de motores alguien vio algo que no debía estar ahí: una bola de pelaje negro, quieta, dormida sobre el separador de concreto.


Los conductores llamaron pidiendo auxilio y en media hora llegó John DeBacker, rescatista voluntario de la zona. Lo que encontró lo dejó helado: una gatita de apenas ocho semanas, a centímetros de las ruedas que pasaban rugiendo. Para acercarse sin que la gatita saltara hacia los carriles, necesitaba que el tráfico se detuviera.
Ahí entró la policía del condado de Suffolk. Los oficiales frenaron la circulación el tiempo justo para que John avanzara despacio, paso a paso, y la tomara entre sus manos antes de que despertara del todo. Bufó, arañó, intentó escapar del susto — pero ya estaba a salvo. Hoy se llama Sunrise y espera una familia en Last Hope Animal Rescue.
