Pedir comida a domicilio debería terminar con una propina… no con una bala. Eso fue lo que vivió Alpha Barry, un repartidor de DoorDash de apenas 24 años, cuando se perdió buscando una dirección en Nueva York y terminó frente a la casa equivocada.


Su celular estaba apagado. Solo quería preguntar cómo llegar. Pero el funcionario local John Reilly, de 49 años, salió armado con una pistola calibre .45, le gritó “¡Lárgate!” y comenzó a disparar contra su Toyota Corolla.


Una bala atravesó el auto y le destrozó la espalda. Barry sobrevivió, pero perdió parte de su intestino y pasó meses usando una bolsa de colostomía. Reilly fue condenado a 17 años de prisión.
