En 1997, un hombre de Fráncfort fue a la policía y denunció que le habían robado el coche. Nadie dudó de su palabra. El caso quedó archivado como uno más entre miles de robos sin resolver en Alemania.

Veinte años después, una empresa de demolición se topó con un Volkswagen Passat oxidado dentro del garaje de un edificio industrial a punto de caer. El vehículo estorbaba los trabajos, así que llamaron a la policía. Cuando las autoridades investigaron la placa, entendieron lo que realmente había pasado: nadie lo había robado. El dueño, hoy con 76 años, simplemente había olvidado dónde lo había estacionado.

Lo llevaron junto a su hija hasta el garaje para que lo viera con sus propios ojos. Dos décadas de óxido habían hecho lo suyo: el auto ya no arrancaba. El hombre decidió no quedárselo y terminó en el desguace, justo el día que por fin apareció.
