Darren Zhou tenía 25 años y trabajaba como analista financiero en Florida cuando escribió algo que nunca imaginó que lo delataría.

Había terminado una relación de seis meses y no lo aceptaba. Insistió una y otra vez para volver con ella. Ella dijo que no. Entonces Zhou empezó a desahogarse con ChatGPT, y en marzo esas conversaciones tomaron un giro oscuro: hablaba de agresión sexual, de suicidio, y finalmente escribió la frase que lo cambió todo: “Si no puedo tenerla yo, nadie la tendrá”.

Lo que Zhou no sabía es que OpenAI tiene un equipo que revisa este tipo de conversaciones cuando detecta riesgo real de daño a terceros. No fue un desahogo pasajero: un agente que analizó los registros describió un patrón de ensayo y planificación. En mayo, esos mensajes llegaron a la Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach, y la investigación terminó en su detención y posterior condena. La máquina que usó para hablar de su obsesión terminó siendo la que evitó que la cumpliera.

