Un video de un niño que limpia parabrisas en la calle volvió a circular con fuerza.
Esta vez, un conductor bajó la ventanilla y le dio dinero como reconocimiento por su esfuerzo. La sonrisa del pequeño se volvió el centro de miles de comentarios.


Para algunos, el gesto es un ejemplo simple de empatía: valorar el trabajo ajeno, sin importar la edad de quien lo hace. Para otros, ese aplauso esconde algo incómodo: normalizar que un niño tenga que ganarse el día limpiando vidrios en un semáforo.


El fenómeno no es nuevo — se repite en calles de toda Latinoamérica y siempre despierta la misma pregunta incómoda.
¿Tú qué harías: le darías propina o pensarías en algo más urgente que resolver?
