Andrew Koplove tenía 37 años cuando un perro le arrancó la nariz de un mordisco.

Quedó con dos agujeros en medio del rostro. Durante meses, antes de atreverse a salir de su casa en Massachusetts, se cubría la cara con un vendaje solo para evitar las miradas. “Perdí mucho de mí mismo”, contó. Buscó ayuda y varios cirujanos reconocidos le advirtieron que quedaría con una deformación permanente. Él se negó a aceptarlo y siguió buscando hasta encontrar al Dr. Patrick Byrne, de la Clínica Cleveland, en Ohio.

Lo que siguió fueron cuatro años y 14 cirugías. Byrne reconstruyó su nariz con cartílago extraído de su propia oreja y sus costillas, además de tejido de la frente y piel externa. En el camino hubo una infección que puso en riesgo todo el proceso y obligó a repetir parte de la operación. Hoy Andrew dice que recuperó no solo su rostro, sino su vida: vuelve a tener citas, a conocer gente y a sentirse él mismo.

