Alan Barnes tenía 58 años cuando un golpe insólito en su único ojo sano le quitó la vista para siempre.

Fue durante el cumpleaños de su hijo, en Nottinghamshire, Inglaterra. De un día para otro pasó de bailar ceroc los fines de semana a no querer salir de su casa. Salía a caminar a las cinco de la mañana, solo para que nadie lo viera tropezar con el bastón blanco.

Todo cambió cuando le asignaron a Windsor, su perro guía, en 2024. Con él volvió a Grange Hall, el salón donde antes bailaba, y descubrió que su equilibrio no se había ido: ahora hace giros y piruetas mejor que antes. Este domingo 29 de septiembre, a los 63 años, bailará durante tres horas seguidas junto a sus compañeros de clase para recaudar fondos y ponerle nombre a un nuevo cachorro guía.