Steven Gress tiene 37 años y se rió en el tribunal.

Fue el 19 de agosto, en Pinellas County, Florida, cuando cambió su declaración a culpable por el secuestro y asesinato de Miranda Corsette, de 16 años. La chica lo había conocido a través de Grindr el 14 de febrero de 2025, el día de San Valentín. Según documentos judiciales, fue torturada durante casi una semana tras una discusión por un anillo, hasta que su pareja, Michelle Brandes, le habría metido una bola de billar en la garganta y le cubrió el rostro con film plástico. Después, el cuerpo de Miranda fue desmembrado con una motosierra en la casa de la madre de Brandes y desechado en un contenedor. Nunca ha sido encontrado.

Gress negó haberla matado con sus propias manos, pero admitió haber participado en los hechos que llevaron a su muerte. Y ante el juez Philip Federico, con una sonrisa, dijo algo que nadie esperaba escuchar de boca de un asesino confeso: “Vida o muerte es perder-perder. Prefiero cumplir la pena menor que pasar los próximos 53 años entre rejas”. La sentencia se define en noviembre. La familia de Miranda ya demandó a Grindr por negligencia.

