Darrine Timpson, de Catonsville, Maryland, acababa de despedir a su bulldog francesa Jada. Contrató a Loving Care Pet Funeral Services para cremarla y al día siguiente tenía en sus manos una caja con lo que creía eran sus restos.
Treinta minutos después, Control de Animales de Baltimore la llamó: el cuerpo de Jada había sido hallado abandonado en plena carretera, junto a otros siete perros muertos. El dueño del negocio, Rodney Ward, alegó que un empleado nuevo debía trasladarla a un crematorio en Hyattsville, pero nunca lo hizo. “Me quedé perplejo. No hay palabras para describir las emociones que sentí en ese momento”, comentó Darrine.
La investigación reveló algo peor: decenas de familias habían recibido arena o concreto en vez de cenizas reales. En febrero de 2026, Ward se declaró culpable de robo y destrucción de propiedad, tras cobrar 13.000 dólares a más de 50 víctimas que solo querían despedirse de sus animales.
