Troy Hathaway solo quería cortar unas ramas en el patio de su casa en Glassboro, Nueva Jersey.
Tiene 45 años y no imaginó que una escalera mal apoyada lo haría caer casi 2,4 metros. En el aterrizaje, una rama se le clavó en la mejilla, atravesó su nariz, pasó junto al ojo y terminó tocando el cerebro. Al principio pensó que se había roto la mandíbula. No sabía que llevaba un pedazo de árbol incrustado en el cráneo.

En el hospital de Jefferson Health, un equipo médico decidió no abrir el cráneo. Optaron por sacar la rama por la nariz, con la misma técnica que se usa para extirpar tumores cerebrales. Cuatro horas de cirugía después, Hathaway seguía respirando bien, veía con normalidad y no tenía daño neurológico. Hoy se recupera en su casa, con antibióticos, junto a su esposa y su hija, como si el cerebro no hubiera estado nunca tan cerca de perderse.
