Sergio Navarro tiene 34 años y vive en una chacra de Río Gallegos, en la Patagonia argentina. Ahí, entre mates y fogones, comparte sus días con Ringo y Kiara, dos dogos que él mismo entrenó mirando videos, sin ayuda de nadie.

Les enseñó a sentarse, a quedarse quietos con camisa y boina, y hasta a posar junto al acordeón como si fueran parte de una vieja foto de campo. Fueron ellos, dice Sergio, los que decidieron cuándo estaban listos para grabar: si no querían, se tiraban al piso y ahí terminaba todo.

Hoy suman más de 1,3 millones de likes en TikTok, pero para él eso es lo de menos. “Me cambiaron la vida, me hacen crecer de corazón”, contó a TN. Y también dejó una reflexión que pocos esperan de un productor rural: “No hay perros malos, malas son las personas que los crían con violencia”.
