Audra Tatum tenía un hábito que parecía inofensivo: apoyar los pies en el tablero del auto mientras su esposo manejaba. Él se lo advirtió muchas veces. Ella lo hacía por comodidad, como hacen millones de personas todos los días en cualquier carretera del mundo.

El 2 de agosto de 2015, en Walker County, Georgia, otro vehículo se cruzó y los impactó de costado. Los airbags se activaron en una fracción de segundo y el pie de Audra salió disparado hacia atrás, golpeándole el rostro con la fuerza suficiente para romperle la nariz. También se fracturó el brazo, el fémur y el tobillo: todo el lado derecho de su cuerpo quedó destrozado. El resto de los ocupantes del auto solo tuvo heridas leves.

Pasó meses en rehabilitación y más de un mes sin poder caminar. Como consecuencia de las secuelas, tuvo que abandonar su carrera como técnica de emergencias médicas, porque ya no podía estar de pie el tiempo necesario para hacer su trabajo. Decidió contar su historia para que nadie más termine pagando con su cuerpo un gesto tan simple como cruzar los pies sobre el tablero.

