Seis millones de personas al año entran a Ikea en China con una misión muy clara, ponerse cómodos. No precisamente para comprar.

Mientras en el resto del mundo la gente agarra un carrito, elige una estantería y sale en 40 minutos, en China Ikea funciona más como un spa con etiquetas de precio. Los clientes se descalzan, se meten entre las sábanas de exposición, leen el periódico, conversan con la pareja y, si el edredón está bueno, se quedan dormidos sin más. Otro caso muy famoso es el de una mujer en la tienda de Netanya, Israel. Al parecer la mujer se sintió mal, vomitó en uno de los sofás y se quedó dormida hasta que el guardia de seguridad la despertó al cierre.

Ikea, el único lugar donde puedes ir a vivir tu vida entera sin pagar un peso de renta.
