Tayane Dalazen tiene 37 años, es abogada y vive en São Paulo, Brasil.

En abril de este año se metió al agua frente a la costa brasileña para grabar la inmersión que imaginaba perfecta para sus redes. Los organizadores del tour alimentaban a los tiburones para atraerlos hacia los turistas, y entre ellos apareció un nodriza de más de dos metros. La mordida le dejó laceraciones profundas en el muslo, quedó grabada por completo y hoy acumula millones de reproducciones.

El científico Kristian Parton, creador del canal Shark Bytes, asegura que ve videos así cada semana: gente tocando o invadiendo el espacio de tiburones tigre y hasta blancos, no solo especies dóciles. Estudios citados por expertos muestran que el contacto humano dispara en estos animales hormonas de estrés que debilitan su sistema inmune y afectan su reproducción. En Maldivas ya operan más de 140 excursiones que venden la experiencia como la ‘selfie definitiva’, mientras las autoridades de distintos países empiezan a alertar sobre los riesgos de acercar carnada a las costas solo para conseguir una toma.

